En la literatura oaxaqueña encontramos relatos acerca del origen del Árbol del Tule que son presentados como antiguas leyendas, pero que probablemente surgieron de la pluma de los autores románticos de principios del siglo pasado.
Una de estas versiones narra cómo el sabino fue plantado por Quetzalcóatl, o por un profeta llamado Pecocha que supuestamente venía de Nicaragua y a quien también se atribuye la antigua cruz de madera conservada en Huatulco.
Según otro relato, hace mucho tiempo la gente de la región del Tule cortaba árboles y mataba animales indiscriminadamente. Con el tiempo, los períodos de sequía se acentuaron y la población comenzó a resentir la falta de agua. Condoy, valeroso caudillo del pueblo
ayuuk (mixe), pasó un día por allí, de regreso a las montañas. Al verlo, mujeres, hombres y animales imploraron su ayuda. Conmovido por su sufrimiento, aunado al arrepentimiento que mostraban, tomó el bastón que llevaba consigo y lo enterró. Se formaron así nubes densas que finalmente descargaron abundante lluvia, dando fin a la sequía. Del bastón comenzaron a brotar ramitas y alrededor de él se formó un humedal. Condoy dejó su bastón, convertido en el gran ahuehuete, como señal de su presencia.
En la literatura oaxaqueña encontramos relatos acerca del origen del Árbol del Tule que son presentados como antiguas leyendas, pero que probablemente surgieron de la pluma de los autores románticos de principios del siglo pasado.
Una de estas versiones narra cómo el sabino fue plantado por Quetzalcóatl, o por un profeta llamado Pecocha que supuestamente venía de Nicaragua y a quien también se atribuye la antigua cruz de madera conservada en Huatulco.
Según otro relato, hace mucho tiempo la gente de la región del Tule cortaba árboles y mataba animales indiscriminadamente. Con el tiempo, los períodos de sequía se acentuaron y la población comenzó a resentir la falta de agua. Condoy, valeroso caudillo del pueblo ayuuk (mixe), pasó un día por allí, de regreso a las montañas. Al verlo, mujeres, hombres y animales imploraron su ayuda. Conmovido por su sufrimiento, aunado al arrepentimiento que mostraban, tomó el bastón que llevaba consigo y lo enterró. Se formaron así nubes densas que finalmente descargaron abundante lluvia, dando fin a la sequía. Del bastón comenzaron a brotar ramitas y alrededor de él se formó un humedal. Condoy dejó su bastón, convertido en el gran ahuehuete, como señal de su presencia.