El
cempasúchil es una planta, que antes de llegada de los españoles, solo existía en México, en donde tiene una larga, fuerte y sentida historia. Su raíz no solo está clavada en las tradiciones del Día de Muertos, sino que también se entrelaza —desde hace más de 500 años— con lo ritual y lo medicinal en una madeja difícil de deshacer. Mucho antes de que llegaran los españoles, ya se usaba en ceremonias y en la medicina tradicional. Para las culturas mesoamericanas, el
cempasúchil no era solo una flor: era como la presencia viva de ciertos dioses y un puente entre lo sagrado y lo curativo (López et al., 2024). De hecho, en el Códice Florentino se menciona como parte de rituales de sanación y de ceremonias ligadas al ciclo agrícola. El médico español Francisco Hernández, en 1567, la documentó como remedio para enfermedades tales como la hidropesía, la ascitis o la disentería —padecimientos que, según la los pueblos nahuas , estaban relacionados con Tláloc, el dios de la lluvia— y que muchas veces se entendían también desde una visión mágica religiosa.
El cempasúchil es una planta, que antes de llegada de los españoles, solo existía en México, en donde tiene una larga, fuerte y sentida historia. Su raíz no solo está clavada en las tradiciones del Día de Muertos, sino que también se entrelaza —desde hace más de 500 años— con lo ritual y lo medicinal en una madeja difícil de deshacer. Mucho antes de que llegaran los españoles, ya se usaba en ceremonias y en la medicina tradicional. Para las culturas mesoamericanas, el cempasúchil no era solo una flor: era como la presencia viva de ciertos dioses y un puente entre lo sagrado y lo curativo (López et al., 2024). De hecho, en el Códice Florentino se menciona como parte de rituales de sanación y de ceremonias ligadas al ciclo agrícola. El médico español Francisco Hernández, en 1567, la documentó como remedio para enfermedades tales como la hidropesía, la ascitis o la disentería —padecimientos que, según la los pueblos nahuas , estaban relacionados con Tláloc, el dios de la lluvia— y que muchas veces se entendían también desde una visión mágica religiosa.